Casi todos los conflictos de una gira se resuelven leyendo un papel que nadie leyó a tiempo. El contrato de actuación no es un trámite: es el sitio donde queda escrito qué pasa cuando algo se tuerce. Y algo se tuerce siempre.
Lo que sigue son las siete cláusulas que más disgustos evitan, explicadas desde el oficio. No sustituye al criterio de un abogado: si hay dinero serio en juego, que lo revise un profesional antes de firmar.
1. Quién contrata a quién
Parece obvio y es el error más caro. Debe quedar claro si quien contrata es el ayuntamiento, la empresa productora o la asociación que gestiona el ciclo, con su denominación y su identificación fiscal completas. Si el pago se retrasa seis meses, la diferencia entre reclamar a una administración o a una empresa es enorme.
Del lado del artista pasa lo mismo: quién factura, con qué figura y quién firma en su nombre.
2. Caché, plazo y forma de pago
La cifra, si lleva impuestos incluidos o no, y sobre todo cuándo se paga. Un contrato que dice «pago a la finalización del evento» y otro que dice «a 60 días desde la emisión de factura» describen dos realidades de tesorería muy distintas.
Cuando el viaje es largo, es razonable pedir un anticipo del 30 o el 50 por ciento a la firma. Cubre billetes y reservas, que se pagan mucho antes de tocar.
3. Qué asume cada parte
La lista completa, sin «ya lo hablaremos»: transporte, alojamiento con número de habitaciones, dietas, backline, técnico de sonido, aparcamiento y camerinos. Cada punto que se deja fuera acaba pagándolo el artista, casi por inercia.
Conviene adjuntar el rider como anexo y mencionarlo en el contrato. Así lo técnico deja de ser una conversación paralela y pasa a formar parte de lo firmado. Lo contamos en qué es el rider técnico y quién lo firma.
4. Horarios
Hora de llegada, hora de prueba de sonido, hora de apertura de puertas, hora de inicio y duración del pase. Si hay dos pases, cuántos minutos entre ellos.
Un artista que se compromete a «un concierto» sin especificar duración puede encontrarse con que el organizador esperaba tres horas de música de fondo.
5. Exclusividad territorial
La cláusula que más sorprende a quien empieza: el compromiso de no anunciar otro concierto en un radio determinado y durante un plazo determinado, antes y después de la fecha.
Es legítimo —protege la venta de entradas del promotor— pero hay que leer los números. Un radio de 150 kilómetros y tres meses puede bloquear media temporada en una comunidad pequeña. Se negocia: 50 kilómetros y un mes suele ser razonable para una sala.
6. Cancelación y fuerza mayor
Qué ocurre si cancela el organizador, si cancela el artista y si cancela la meteorología. Lo habitual y equilibrado:
- Si cancela el organizador con poca antelación, se abona un porcentaje del caché.
- Si cancela el artista, propone sustitución o asume los gastos ya comprometidos.
- En caso de fuerza mayor, se buscan fecha alternativa y reparto de los gastos incurridos.
Un contrato que solo penaliza a una de las partes está mal escrito, firme quien firme.
7. Grabación, fotografía y difusión
Quién puede grabar, con qué medios, cuánto puede publicar y durante cuánto tiempo. Un concierto grabado entero y subido íntegro puede cerrarle al artista la puerta de otros programadores durante meses.
Lo razonable: fotografía libre para promoción de las dos partes, vídeo limitado a fragmentos cortos y cualquier grabación completa sujeta a acuerdo por escrito.
El contrato no es desconfianza
Cerrar bien un papel con alguien con quien te llevas bien es justamente la manera de seguir llevándote bien dentro de tres años. Los programadores con oficio lo saben: el contrato claro ahorra tiempo a los dos lados y hace que la relación se repita.
Si queréis ver cómo encaja esto en el proceso completo, lo contamos en cómo se cierra una fecha en un festival. Y si preferís que lo lleve alguien por vosotros, eso es el booking de artistas.
¿Hablamos de tu proyecto?
Da igual desde dónde llegues: artista que busca fechas, banda que quiere salir de su circuito, programador que busca propuestas, institución que quiere abrir su escena al exterior o profesional que quiere sumarse al colectivo. Cuéntanos en qué punto estás.